Adriana Pérez

Lleva razón Adriana Pérez Mugia cuando discrepa con esa idea común e ingenua de la creación desde «cero», exenta de prejuicios e influencias simbólicas y culturales. Desde esa lúcida convicción podría explicarse toda su obra, la predilección que siente por el collage, que es una forma sofisticada de palimpsesto. Híbrida, suspicaz e intelectual es su producción visual, y en cambio, se agazapa bajo una apariencia complaciente y recatada. Adriana nos habla a todos por igual, pero acaso sabe que apenas unos pocos tendrán la paciencia de escuchar su diálogo, que no busca su legitimidad en lo estridente. El origen de sus collages está en la esencia misma de la cultura posmoderna, del ensueño y la voracidad simbólica que atormenta al sujeto contemporáneo. Atraviesa, conecta, desambigua y descontextualiza experiencias, espacios y nociones. Al cabo, recibimos una imagen que son muchas imágenes, capaz de condensar un proceso de constantes cuestionamientos de índole filosófica, antropológica y cultural.

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