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El exilio otro

Artista: Martín Domínguez

Fecha: 5 al 12 diciembre 2022

El exilio en Cuba de Martín Domínguez

CUBA 1937-1960

En julio de 1936, el levantamiento de las tropas fascistas de Francisco Franco condujo al derrocamiento en 1939 del gobierno elegido democráticamente de la Segunda República Española. Victoriosos los fascistas eliminaron a aquellos arquitectos simpatizantes con la República, aplastando así las aspiraciones creativas y progresistas de toda una generación. Una orden de 1942 instituyó purgas y sanciones que afectaron a 83 profesionales. Con el tiempo algunos serían readmitidos en el ejercicio de su profesión (por ejemplo, Arniches, que sufrió el exilio interno del disidente), aunque la mayoría vio por terminada su carrera en España. Estos hechos provocaron una pérdida irremediable del patrimonio cultural y una debilitada evolución de la arquitectura española en el siglo XX.

Entre los afectados estaban Josep Iluis Sert, Félix Candela, Sánchez Arcas o Bonet Catellana entre otros.

El propio Martin Domínguez fue condenado por los militares rebeldes primero a la ejecución, luego depurado de por vida por su papel en el inicio del programa para la planificación y construcción de las defensas militares de Madrid en 1936. El desarrollo de la arquitectura en España nunca sería el mismo, ya que fueron estos mismos arquitectos los que se habían comprometido con los principios de la Arquitectura Moderna.

Domínguez se exilió en Cuba seguro de sus convicciones democráticas y liberales. Cercano a las élites por su origen social y educación, su temperamento y convicciones personales eran, sin embargo, significativamente más amplios.

Domínguez zarparía a bordo del RMS Leerdam el 23 de diciembre de 1936 y arribaría a la Habana el 6 de enero de 1937. Tras unos comienzos difíciles, encontró un buen lugar para vivir y trabajar a pesar de no poder convalidar nunca su título oficial de arquitecto, debiendo así trabajar en asociación con arquitectos cubanos licenciados.

Hacer arte en Cuba se ha convertido en un privilegio (como casi todas las cosas). Hacer arte fuera de Cuba (sobre todo, para aquellos que fingían vivir del arte estando aquí) se ha vuelto una utopía.

“…Junto con su vida se llevaron en sus cabezas y en sus almas muchos

 espacios que en la mayoría de los casos construirían lejos de su tierra.

Sin embargo, también se llevaron con sus espacios, como una planta desterrada

en sus raíces, la esencia del lugar donde nacieron y crecieron».

J. Aparicio Guisado, «El exilio y el lugar», catálogo de la exposición.

(Fundación Pablo Iglesias), Madrid, 2002 p. 135.»


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