Puzzle V continúa su recorrido por el arte joven cubano con una segunda muestra.

Yandel Acosta, Leidy Eulalia, Celin Hernández, Damian Pozo, Dianamarys Alfonso, Emmanuel Montes Álvarez y Neus Pechero protagonizan la segunda exposición de PUZZLE V, una muestra que se adentra en los lenguajes del duelo, la marginalidad, la espiritualidad y la belleza como resistencia.

Inaugurada el viernes 10 de octubre en Galería Taller Gorría, esta nueva entrega de PUZZLE V propone una experiencia estética que se mueve entre lo íntimo y lo colectivo, lo vehemente y lo simbólico. Las obras reunidas configuran un paisaje emocional donde el arte se afirma como gesto de supervivencia, crítica y celebración.
La pintura se despliega en registros diversos: desde la figuración onírica y cromática de Yandel Acosta, que evoca la migración como pérdida y memoria, hasta los espacios urbanos desdibujados de Celin Hernández, donde rostros en desidia habitan escenarios de confusa belleza. Leidy Eulalia, por su parte, articula dibujo y bioarte en una serie de técnica refinada, acompañados por una granja de hormigas vivas que introduce lo orgánico como dispositivo museográfico.
La instalación cobra protagonismo con Damian Pozo, quien ironiza sobre la producción artística contemporánea mediante una acumulación de objetos de yeso policromado, y con Dianamarys Alfonso, cuya obra textil se extiende por la galería como un cuerpo vivo. Su telar monumental y su corona de espinas tejida en hilo rojo construyen un universo simbólico que dialoga con lo bíblico, lo mariano y lo autobiográfico.
La performance de Emmanuel Montes Álvarez atraviesa la muestra con fuerza sonora y visual. Su intervención musical, compuesta y grabada en vivo, activa un espacio de tensión entre lo marginal y lo ritual, acompañada por piezas que funcionan como altar al movimiento urbano cubano: una cruz de madera con botas de agua y un lienzo con nombres de cantantes pertenecientes a la estética del reparto.
Finalmente, Neus Pechero presenta una serie fotográfica que entrelaza tres universos femeninos: la noche habanera, el fisicoculturismo y el boxeo. Imágenes que confrontan estéticas y cuerpos, revelando una narrativa de poder, deseo y contradicción.
Esta segunda exposición reafirma el espíritu de PUZZLE V: una plataforma que no busca representar una generación, sino amplificar sus voces. El arte aquí no se explica, se vive. Y cada pieza es una pregunta abierta al contexto cubano, a sus fracturas y posibilidades.
Palabras curatoriales:
Esta edición de Puzzle, felizmente, no se ha hecho esperar demasiado tiempo. Apenas superábamos la memoria de su antecedente, y ya estábamos lanzando una nueva convocatoria, algo inédito en la breve historia del evento. Si lograr una edición cada año se torna una empresa harto compleja para nosotros; realizar dos en un mismo curso (una en cada semestre) nos deja al borde de la alucinación, agradeciendo infinitamente a quienes colaboran con este sueño, y sobre todo, a los jóvenes artistas que continúan depositando su confianza en un proyecto, el cual aprovechan como laboratorio estético para ensayar nuevos caminos dentro de su impronta visual.
Puzzle se ha convertido en [otro] reflejo y termómetro del pensamiento artístico emergente dentro de Cuba. Y es alentador referir que no somos un páramo. Por suerte, el circuito se ha movido favorablemente en beneficio de los creadores más jóvenes, quienes en cierta época no muy distante contaban con escasas oportunidades para exhibir su trabajo y darse a conocer en el siempre polémico y sectario contexto del arte cubano. La puerta que abrimos a una generación ha servido para el enfoque de alternativas similares, que ahora activan territorios simbólicos y espacios de legitimación que favorecen el proceso -históricamente cíclico- de resistencia, renacimiento y canonización, desde el cual pueden leerse las sucesivas generaciones que conforman el relato del arte hecho en Cuba.
Si algún mérito existe en lo que Puzzle ha logrado hasta este momento, estriba en la forma en la que ha perfilado una comunidad de artistas, cuyo accionar ha trascendido el ámbito del evento para arraigarse definitivamente en un contexto artístico-cultural bastante disminuido en sus signos vitales. Cada edición se ha proyectado sobre los nuevos imaginarios y agendas que definen los intereses de una generación que se ha curtido muy tempranamente en un medio de puro estrés; de escasez imperante, hostilidad política, segregación social, apagones, nihilismo consumado… Esta, la quinta entrega, prosigue el camino fundado como un acto de confirmación. Y por tanto, nos complace advertir al mirar atrás -ya podemos hacer esto- que la intuición no nos ha traicionado, que aquellos desconocidos años atrás hoy son llamados con nombre y apellidos dentro del gremio artístico, dentro y fuera de la Isla.
Jorge Peré











