Puzzle V continúa su recorrido por el arte joven cubano con una tercera muestra.

Amalia Abreu, Jany Batista, Khadis de La Rosa, Darena Pedroso, José Miguel Cano, Maikol Martini, Juan Pablo Plasencia y Leyci Cardonet, protagonizan la tercera exposición de PUZZLE V, reflejando como lo cotidiano, lo simbólico y lo político se entrelazan para construir relatos que desafían las narrativas hegemónicas. Este recorrido revela su compromiso con la resistencia y la transformación.

Desde el pasado viernes 24 de octubre en Galería Taller Gorría, quedó inaugurada esta nueva entrega de PUZZLE V, donde se transita entre lo metafórico, lo nostálgico y lo contestatario.
Amalia Abreu combina registros fotográficos, a partir del video y elementos de instalación para sumergir al espectador en la cotidianidad de una comunidad dedicada a la industria tabacalera. A través de imágenes íntimas de manos curtidas, rostros concentrados y espacios de trabajo impregnados de historia personal, revela la dimensión humana detrás del proceso productivo. La instalación, por su parte, incorpora objetos reales como las hojas de la plantación, que evocan el ritmo diario de quienes viven y trabajan allí. Más que documentar, la obra construye un relato sensorial que honra la memoria e identidad de una comunidad que respira la tradición.
Más que una representación geográfica, el mapa se convierte en metáfora de la utopía del conocimiento racional en la obra de Jany Batista. Lo utiliza para evidenciar que la cartografía es una construcción humana, limitada y subjetiva, que refleja el poder de la representación y sus implicaciones epistemológicas. La identidad también es utilizada como construcción dinámica, se aborda desde una perspectiva social y geopolítica, mostrando cómo se fragmenta y reconstruye a través de la mirada de la artista. En sus mapas, la identidad se presenta como un fenómeno mutable, que desafía las nociones rígidas de pertenencia y origen.
A partir de una práctica artística que se despliega entre la fotografía y el arte objeto, Khadis de la Rosa, explora con agudeza los símbolos que han marcado la historia, la política y las estructuras militares. Lejos de limitarse a la representación visual, propone una arqueología crítica de los emblemas que han sido utilizados para consolidar narrativas de dominación y control social. Desde la fotografía, captura imágenes que resignifican íconos históricos, revelando de esta forma las capas ideológicas que los sostienen. En paralelo, el arte objeto le permite materializar estas reflexiones en piezas que operan como artefactos de memoria y confrontación: intervenciones y composiciones que evocan lo bélico pero desde una mirada que subvierte su solemnidad.
La instalación propuesta por Darena Pedroso, confronta al espectador con una infancia atravesada por la fragilidad y la violencia simbólica e incluso poética. A través de objetos rotos y juegos infantiles deteriorados, la artista construye una narrativa nostálgica y crítica que revela las tensiones entre lo lúdico y lo traumático. Su propuesta activa la memoria afectiva del espectador, invitándolo a recorrer un espacio donde la inocencia se ve interrumpida por gestos de crudeza, y donde la identidad se forma en medio de silencios, fracturas y resistencias.
Transitando hacia otras maneras de plasmar su visión, se encuentra José Miguel Cano, artista cuya práctica recorre desde lo conceptual hacia la exploración de técnicas más tradicionales, especialmente el dibujo. Toma como punto de partida una investigación rigurosa que indaga en problemáticas sociales, históricas y culturales, atravesada por una mirada crítica con matiz político. El dibujo, en su caso, no es solo un medio expresivo, sino el resultado de un proceso que articula pensamiento y gesto, convirtiéndose en una herramienta para cuestionar estructuras de poder.
Maikol Martini, por su parte, convierte la cerámica en vehículo narrativo para construir mundos ficticios cargados de metáforas visuales. Su práctica artística sitúa el modelado y la intervención de objetos cerámicos como dispositivos para escenificar relatos que evocan la estética de las escenas del crimen. La cerámica, tradicionalmente asociada con lo doméstico y lo ornamental, es resignificada para generar una poética contemporánea que interpela al espectador desde lo inquietante.
Siguiendo en la línea de lo contemporáneo, Juan Pablo Plasencia desarrolla una práctica pictórica centrada en la figuración, en la que dialoga con referentes clave de la pintura norteamericana y del arte pop para construir un lenguaje visual propio. La influencia del pop no se limita a lo estético, funciona como una herramienta para cuestionar la construcción de identidades y el impacto de la cultura visual en la subjetividad colectiva. Se nutre de la iconografía popular y las narrativas mediáticas, pero los reinterpreta desde una mirada crítica y profundamente personal.
En esta ocasión también se erige la performance como un acto visceral que toca al espectador desde la experiencia encarnada. Leyci Cardonet, a través de una puesta en escena cruda y simbólica, articula una narrativa que entrelaza la racialidad, la violencia estructural, el cuerpo y la condición de la mujer en contextos marcados por la exclusión. Cada gesto, cada silencio, cada desplazamiento en el espacio convoca una genealogía de opresiones. Su cuerpo, se convierte en territorio de memoria y denuncia, se transforma en archivo vivo de las heridas y las luchas presentes. La piel como frontera, hace de su performance una experiencia que desestabiliza, conmueve y obliga a mirar de frente lo que muchas veces se prefiere ignorar.
Esta penúltima exposición configura un mapa sensible de memorias, identidades y estructuras de poder que atraviesan lo íntimo y lo colectivo. Desde la instalación, la fotografía, el dibujo, la cerámica o la performance, cada obra propone una mirada crítica que apela al espectador y lo sitúa en territorios de reflexión profunda.
Jorge Peré









